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LA
VOZ DEL INTERIOR - Córdoba - 10/09/2007 Enviado
por Mao Nicolás Marchetti nmarchetti@lavozdelinterior.com.ar
SKAY
BEILINSON LLEVA LA MARCA DEL REY El ex guitarrista de Patricio Rey y sus
Rendonditos de Ricota actuó el sábado por la noche en Córdoba ante dos mil
personas. Todos pidieron "que se vuelvan a juntar".
 Skay alternó momentos de rock fuerte con climas épicos durante
la noche del sábado. Foto: LaVoz / Sergio Cejas
A Eduardo Skay Beilinson hoy le
toca estar al frente de una banda que gira por el país, y ahí está su
liberación. Puede hacer lo que más le gusta en lugares chicos y sin grandes
complicaciones en materia de infraestructura y seguridad, un peso que aún lleva
su ex compañero, el recluido Indio Solari, líder por naturaleza del gigante
ahora dormido.
El show estaba previsto para las 21 del sábado, pero
media hora antes no había mucha gente en las adyacencias de La Sala del Rey. De
a poco, empezaron a florecer con el calor de la noche esos feligreses (incluso
aquellos de la vieja guardia) que tanto extrañan a Patricio Rey y sus Redonditos
de Ricota.
Una camioneta blanca estacionada frente a la puerta escupía a
todo volumen La mosca y la sopa, como para que todos los que se acercaran
empezaran a sentir el cosquilleo que genera la mística ricotera, con un disco
repleto de hits, ya sin bengalas, pero sí con banderas.
Adentro, la
gente bailaba con Let it bleed de los Rolling Stones, pero llegó Skay y se
apagaron las luces y el CD dejó de sonar. "Buenas noches, bienvenidos al show",
dijo con su voz áspera, apenas pasadas las 22 y ataviado con su vincha y
anteojos oscuros. De inmediato largó con El gourmet del infierno y Paria, ambos
de Talismán (su segundo disco), a pesar de que la cita era para presentar el
reciente La marca de Caín.
Entrada en calor. El aire
acondicionado ya no daba abasto y las cervezas desfilaban de mano en mano. Oda a
la sin nombre levantó los decibeles de la euforia y luego la banda despachó
Soldadito de plomo y Canción de cuna, ambos del último disco.
Skay se
abraza a su Gibson SG, se agazapa, estira la pierna. Hay un Redondito de Ricota
en el escenario y en las cuatro pantallas del largo salón, que a fin de cuentas
tuvo que abrir sus puertas de emergencia para que el aire bendiga a esas almas
transpiradas.
El show alternó rocks fuertes con climas épicos, espacio
prudente entre tema y tema y punteos que se estiraban hasta el momento ricotero,
como lo fue sorpresivamente, antes de la media hora de show, el catártico Ji ji
ji.
En ese lapso de algunos minutos, la sensación fue que el tiempo se
detuvo mientras las pieles se erizaban. Las cervezas volaron por el aire, los
gritos llegaron al cielo. Fue el himno de Patrio Rey y el fin de la primera
parte.
Diez minutos después, la banda volvió al escenario y repasó
partes de La Marca de Caín. Arcano XIV, El fantasma del quinto piso, El camino
del viento, entre El pibe de los Astilleros y Rock para los dientes, como para
apaciguar la nostalgia.
Los bises: Dragones y Genghis Khan, de Talismán,
y A través del mar de los Sargazos. Eran las 23.50 y el título que lleva (y
cierra) el nuevo disco, no se hizo escuchar. Sí sonó La bestia pop a todo
volumen de (el cuarteto de cuerdas uruguayo) El club de Tobi, con luces ya
encendidas y remeras al aire, apenas finalizado el show. El público estaba
enardecido. Ellos sólo pedían una cosa: que se vuelvan a juntar
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